¡INFANCIA
DE PAPEL!
Los
tesoros más valiosos no cuestan oro ni plata, sino que valen por el valor
sentimental que se les da y eso se va perdiendo con nuestra infancia y la
llegada de nuestra madurez. Sus padres no entendían el por qué no salía a jugar
con otros niños, el porqué de su encierro y no querer compartir sus revistas
que cuidaba con tanto recelo. El dinero que gastaba, fácilmente le hubiera
alcanzado para comprarse un televisor grande de aquellos años.
Por:
Juan Rivas Barrionuevo
juanrivasbarrionuevo@gmail.comTodos fuimos niños alegres, soñadores y con una imaginación que muchos adultos envidian y de la cual el niño puede llegar a sacar el mejor provecho de ella ya sea en juegos o en pasatiempos para él, para nosotros un palo es eso un palo y nada más pero para ellos es una espada o una pistola quizá un caballo la gama de posibilidades es grande cuando eres niño. Pero esta vez les hablare de un niño en especial, que al ser pequeño fue tomado como raro solo por tener algunos objetos preciados que no compartía con nadie y que lo hacía quedarse junto a ellos mucho tiempo. Les contare el por qué y el cómo de su gran apego a estos objetos.
Este niño era tímido pero alegre y suelto con las personas que conocía como su familia, pero le era difícil socializar con los demás niños de su edad, su nombre era Juan y tenía cierta admiración por coleccionar todo lo relacionado con sus caricaturas preferidas que en esos tiempos eran: dragon ball z, pokemon, digimon, etc. Estos dibujos le fascinaban por lo que decidió coleccionar todo lo relacionado a estas caricaturas ya sean cartas, álbumes, revistas y demás objetos que pudieran servirle para dibujar que era su pasatiempo favorito, prefería ver sus revistas y dibujar que salir a jugar a la calle con los demás niños.
A este niño en singular le fascinaba dibujar a sus personajes favoritos, los cuales estaban en todas las revistas, cartas y demás objetos que logro conseguir con su esfuerzo y dedicación. Prefería quedarse en su casa a dibujar en su cuarto que salir a jugar futbol, la muy conocida bata o a las escondidas sea cual sea el juego que tenía tan distraídos a los niños de la zona por las tardes de aquellos años que para juan eran los mejores sin preocupaciones, sin responsabilidades solo era él y su mundo de sueños.
Juan ya con 15 años tenía una colección bastante grande que no entraba en una vieja caja de cartón que él tenía, la cual era de un televisor grande, esta caja estaba llena de álbumes llenos, cartas de todos los tamaños, revistas, recortes de periódicos, cuadernos de dibujos, etc. Orgulloso de su gran colección obtenida por su esfuerzo de no gastar día a día las propinas que recibía de su madre en golosinas o algunas cosas que agradan mucho a los niños de su edad, pero a él solo le importaba hacer crecer aún más esa gran colección que poseía y tanto le gustaba apreciar día a día. Cuando estaba solo o triste su único refugio era encerrarse en su cuarto y ver sus revistas y ponerse a dibujar.
Juan se sentía enserio orgulloso de todo lo que había logrado en estos 6 años y que cuidaba con mucho recelo no le gustaba prestárselas a nadie, no le gustaba que nadie tocase sus revistas ni sus cosas, era un pequeño obsesionado por su tesoro como él solía llamar, por lo que su madre pensaba que era algo raro el que su hijo no se juntara mucho con los demás niños.
EL VALOR DE COMPARTIR
Pasaron los años y Juan ya no era un pequeño ahora contaba con 17 años y estaba en su último año de escuela, salía de la escuela como todos los días caminando con un grupo de amigos los cuales solían bajar con él para luego tomar sus combis respectivas e irse a sus hogares, y así lo hicieron dejando a Juan irse solo hacia su casa, pero lo peor estaba por llegar ya que cuando Juan llego a su hogar se dio cuenta que su madre estaba regalando todas sus revistas y cosas a unos niños que pedían regalos o juguetes viejos para su navidad, para así poder tener algo con que jugar en noche buena.
Juan molesto y a la vez aterrorizado por lo que veía no sabía cómo reaccionar, si quitarles de las manos su tesoro que tanto esfuerzo le costó obtener o dejar que se lo llevaran y así esos niños pudieran tener algo en navidad. Era un dilema que tenía dando vueltas en su mente y que no lo dejaba reaccionar.
Juan entro a su casa vio a su madre y le pregunto: “¿mami porque regalas mis cosas a mí me costaron mucho?” Y la respuesta de su madre fue la más precisa quizás en esas circunstancias o por lo menos así lo creyó y lo sigue creando, le dijo: “hijo te estoy liberando de todo tu pasado ya estas grande para estas cosas, y aunque no hoy ni mañana dejaras algún día esto votado y no te servirá pero piensa que si hoy lo das habrá un niño más tarde como tú al cual le darás las alegrías que tú ya obtuviste de tu tesoro”. Esta respuesta fue larga para Juan pero precisa para entenderla.
Como era de esperar ya sea porque él se dio cuenta o porque la respuesta de su madre fue dura pero cierta Juan regalo su tesoro no sin antes quedarse con una pequeña parte que logro rescatar y decidió guardar para recordar que es bueno obtener las cosas con esfuerzo, pero que también es bueno saber otorgar felicidad a otros que con solo un poco se conforman porque con ese poco obtuvieron mucho.
Así fue como Juan aprendió a ganarse las cosas y también a dar esperanza y alegría a los demás. Porque claro que fue duro para el dar algo que tanto le costó, dar algo que para él era su tesoro. Muchos tenemos teso soros en nuestra vida el cual no queremos compartir con nadie y cuidamos con recelo y con mucha envidia, porque es eso es envidia el no querer compartir lo que te da alegrías, es envidia porque no transmites lo que ganaste con esos tesoros, es envidia porque el solo hecho de compartir algo nuestro es malo para algunos.
Pero no es así todos tenemos esos objetos preciados que decimos “yo nunca daría” y que debemos dar, es bueno desprenderse de esas cosas ya nos alegraron a nosotros porque no alegrar a los demás, ya no guardaremos objetos sino solo recuerdos felices y experiencias lindas de eso se trata la vida de recuerdos y sonrisas.

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